A veces desespero, puedo ser odiosa y juego a tambalear tu estabilidad mental. Me pierdo continuamente y me enervo con tanta facilidad como lo poco que tardas en tranquilizarme. Me excito y necesito contacto mental y me hago mapas físicos teóricos y me alcanza el ansia de la práctica. Prácticamente no he empezado pero me da miedo arrancar. Arranques de inseguridad. Seguramente ni siquiera entiendes de qué estoy hablando. Hablemos de lo poco que me queda por decirte.
Frena, relaja y sigue leyendo. A mediados de los noventa no sabía ni escribir, ni caminar ni tocar la guitarra. Ahora escribo y a veces incluso se me entiende. También camino y me dejo caer por antros de mala muerte o por maravillas de patrimonio de la humanidad, que no dejan de ser antros especiales. Eso sí, sigo sin saber tocar la guitarra. No sé, lo que quiero decirte es que me he acostumbrado a quererte así, y que no soy infinita, ni la mejor en nada. Pero tal y como está esta sociedad, que por cinco de los grandes alguien le revienta la cabeza a otro por encargo... Es bastante.
No es una declaración de amor, o al menos eso pretendía. Es un suave grito directo a tu corazón que en resumen dice "quiéreme sin juzgarme". Y si tú respondes a este grito estaría encantada de que me reventaras el tímpano.