Abrázame. Tócame. Como aquella primera vez. Como si más allá de ahora no hubiera nada. Muerdeme y márcame la espalda. Baila conmigo en este juego de aliento. ¿Cambio de escenario? Bésame. Húndete. Agárrame. Vuelve a mirarme así y sonríe, y me derrumbas todas mis defensas. No hay límites. No hay nada. Hace mucho que mi frialdad quedó a la altura de mis zapatos y por ahora no estoy interesada en ir a buscarla. Llévame a la cama. Ven. Lo más difícil de superar una adicción es querer superarla. Ven.